viernes, 15 de enero de 2010

Balance

Ya bien entrados en 2010, una odisea en el tiempo y el espacio , no he visto muchos balances, de esos que se hacen todos los años, recordando lo bueno y lo malo del año que se va y anticipando lo bueno y lo malo del año por venir.

Quizá soy yo, que ando con la cabeza ocupada en muchos asuntos y no he reparado en ello. Quizá es que los tiempos que corren son tan intensos que bastante tenemos con pensar en el día a día, bastante tenemos con hacer balance del día que ha sido y del día por venir.

Tal vez nos estemos contagiando de la cultura dominante, la de la imagen y lo perecedero, lo inmediato, casi lo fortuito, y no nos preocupamos, no vemos, ignoramos lo duradero, lo persistente y pertinaz que queda y hace poso. Quizá por eso ya no leemos, ni escribimos, solo miramos la pantalla dónde esperamos que pase todo, como mucho apretando unas teclas o moviendo el joy stick.

A lo mejor en este año que acaba de terminar, en estos años que han pasado, que nos han pasado volando, se nos ha consumido la memoria y nos hemos convertido todos en el pez Dolly y nuestra memoria ya sólo dura lo que dura el telediario sin anuncios.

O a lo peor, lo que ha pasado es que no sólo se ha acabado un año, se nos ha ido una década, la primera de un siglo que empezó con enorme ilusión y esperanza de que este sería el siglo en el que superaríamos los problemas y miserias de la humanidad. Un siglo que iba estar dominado por una tecnología al tamaño del hombre, que igualaría y nos convertiría a todos en ciudadanos de una aldea global.com.

Y nos hemos topado con una década convulsa que empezó derribando torres y abriendo una enorme brecha que parte el mundo en mil pedazos. Una década de burbujas que estallan dejando tras de sí el rastro de fracaso y crisis económica, paro y emigración. Una década de epidemias globales que viajan en avión low cost y teletipo de agencia de noticias. Una década que ha separado civilizaciones y roto sociedades en buenos y malos. Una década que ha visto sacudir al mundo con terremotos y tsunamis, sequías y katrinas provocando las mayores tragedias de la historia de la humanidad.

El caso es que esta década no ha sido quizá lo que esperábamos, y tampoco lo ha sido el año que por fin se va. Y tal vez eso nos ha dejado en un estado de melancolía y desesperanza que no nos lleva a afrontar el año nuevo, la nueva década, con ilusión y buenas expectativas.

Pero quizá por fin en esta década podamos romper la racha. Quizá por fin encontremos metas y objetivos que sean alcanzables y nos ilusionen de nuevo. Quizá surjan los líderes honestos y sinceros que antepongan el beneficio colectivo a la ambición personal. Quizá aprendamos a sacar más partido de la diversidad y las diferencias. Quizá aprendamos a convivir mejor con el planeta que nos acoge y lo cuidemos un poco más. Quizá....

Pues quizá nos debamos poner a ello! No es tarea fácil ni una que nos vaya a venir dada así que manos a la obra. Si una mariposa china puede provocar un vendaval en San Francisco, que no podrá nuestra ilusión colectiva!

1 comentario:

Jorge dijo...

Después de leer tu artículo y relacionándolo con otros anteriores, creo que la solución está delante de nosotros. Quíen es ese lider que puede restablecer la alianza de civilizaciones, quíen es ese lider cósmico que puede modificar el calentamiento global e incluso recuperar el peso específico de España en el panorama internacional. ¿Será bin Abdul Llamal-azares?