viernes, 13 de febrero de 2009

¿Delegar o Subrogar?

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española,

Delegar: dar a otra persona la jurisdicción que tiene por su dignidad u oficio, para que haga sus veces o para conferirle su representación.

Subrogar: sustituir o poner a alguien o algo en lugar de otra persona.

A veces se confunden los términos y los conceptos. Pero no son lo mismo. En el acto de delegar hay un ejercicio de responsabilidad que no se pierde ya que lo que uno hace es transferir la jurisdicción, la autoridad para hacer y deshacer. La elección de ese alguien es ya en sí mismo un acto de responsabilidad y el momento y la ocasión también. De ahí que sea tan difícil y tan pocos lo hagan bien. Hay que acertar con el quién, el qué y el cuándo. Y además es reversible.

En la subrogación hay una mera sustitución que no implica según la Real Academia transferencia de jurisdicción o autoridad alguna, delegación. Se trata simplemente de un cambio de peones. Que duda cabe que podrías argumentar que también hay que acertar en el quién y el cuándo, pero el qué ya no es tan importante.

Delegar es un acto generoso y valiente, por el que delega y por el delegado, que acepta la jurisdicción y autoridad y por tanto la responsabilidad.

En el acto de subrogación sólo se acepta la sustitución sin mención de la autoridad y la jurisdicción. Es decir es un acto de oportunidad, de conveniencia, casi físico, que exige mucho menor compromiso tanto del sustituido como del sustituyente. A su vez éste no tiene límite alguno, ni por arriba ni por abajo, en cuanto a lo que puede y no puede hacer una vez subrogado, ni responsabilidad que le ate a compromiso alguno.

Esta distinción es oportuna porque enlaza con otras reflexiones recientes sobre la responsabilidad individual. Parecería que muchos no entienden las diferencias y simplemente subrogan y no delegan.

Y no solamente en otros individuos, los españoles nos subrogamos en el colectivo: el gobierno, el partido, el ayuntamiento, el gobierno autonómico, el sindicato...nos sentimos cómodos en un papel pasivo en el que el Estado (que es el conjunto de esos colectivos) nos sustituye y se pone en nuestro lugar y decide por nosotros en qué debemos estudiar y dónde, a que médico y hospital tenemos que ir, a que velocidad circular, en que valores debemos creer y de cuáles debemos abominar, qué es políticamente, socialmente correcto o inaceptable, la proporción de sexos en todo tipo de agrupaciones tanto públicas como privadas, cuantos canales podemos ver por tv y escuchar por radio, nos tiene que avisar si va a llover o nevar, si tenemos que beber agua o enchufar el ventilador.

Claro, los políticos encantados. No delegamos nuestra jurisdicción, nuestra autoridad a través de los votos, en un acto responsable por ambos lados y con ida y vuelta, no. Nos subrogamos en ellos, les decimos que nos susituyan, sin límites ni restricciones. Que tomen ellos las riendas, las decisiones, que no tengo tiempo de pensar yo en esas cosas, que me lo den hecho, que bastante tengo yo ya con lo mío, la crisis, la hipoteca, hacerme rico o irme de vacaciones.

El problema es si un día nos despertamos y nos damos cuenta de que no nos gusta lo que han hecho con nuestra vida, nuestra sociedad, nuestra familia, nuestro pueblo, con nosotros mismos.

¿Delegar o subrogar?

1 comentario:

Álvaro Santos dijo...

El gobierno, en un afán de prorrogar la situación de subrogación que mencionas con respecto a los ciudadanos, se arroga prerrogativas propias de estos y, sin interrogarles siquiera, abroga y deroga la capacidad de iniciativa ciudadana mediante el endrogamiento, y eroga a sus ya –piensa– súbditos drogas con las que irrogarles pasividad y acinesia neuronal. Y ante tal subrogación, quizá ya sólo nos quede, desde un punto de vista pesimista, la rogativa; desde un punto de vista más animoso, no todo está perdido, y, ateniéndonos al refrán, usaremos la rogativa hacia Dios y el mazo hacia el gobierno. Duro con ellos.

Ya sabes que me gustan las palabras de confirmación o verificación. En este caso, parece el nombre de un medicamento, indicado pera quienes perciben un debilitamiento de su sentido de la justicia: jurityl